La vida nos pudre la sonrisa.
En momentos decisivos, triviales,
desaparece la épica de nuestros ojos
y llega la mierda a las pestañas.
La realidad se decolora
y las palabras cortan la voz
al gritar que ya nos hemos despertado.
EL ASESINO
Caliente como la sangre
que resbala lánguida entre sus dedos
es el pálpito en el extremo del corazón masacrado.
Extraído de raíz
sin piedad, con lujuria,
por unas uñas que desean con frenesí
gobernar una parte del cuerpo ajeno.
Un pedazo invisible y metafórico
que a veces sangra
y si se desea gotea ardiente antes de extinguirse.